Algunos sostienen que, al trazarse el plan de salvación, solo había dos personas divinas: el Padre y el Hijo. Lo hacen fundamentados en algunas citas de Elena de White, como estas:
En el plan de salvar al mundo, el consejo fue entre ambos, el pacto de paz fue entre el Padre y el Hijo (Signs of the Times, 23 de diciembre de 1897).
No obstante, una de las principales reglas hermenéuticas es que debemos buscar todo lo que dijo un autor antes de sacar alguna conclusión. Al hablar del consejo de paz, Elena de White enfatiza constantemente el pacto establecido entre el Padre y el Hijo. Pero ¿esto significa que no existía el Espíritu Santo? La respuesta es un no rotundo, si tomamos en cuenta la siguiente cita de Elena de White:
La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención. Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado. ¿Con qué se podría medir la profundidad de este amor? Dios quería hacer que resultara imposible para el hombre decir que hubiera podido hacer más (Consejos sobre la salud, p. 219).
¿Quiénes estaban presentes al trazar el plan de salvación? Las tres personas de la Divinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que “se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención”, y decidieron “que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado”. Sacar conclusiones apresuradas, sin tomar en cuenta todas las citas de Elena de White, puede llevarnos a distorsiones doctrinales.