Algunos siguen insistiendo en que Cristo y el Espíritu Santo son la misma persona. Esta confusión no tiene sustento bíblico ni refleja lo que Elena de White dijo acerca de la Deidad. Tomemos esta cita, por ejemplo:
Cristo, nuestro Mediador, y el Espíritu Santo interceden constantemente en favor del hombre, pero el Espíritu no suplica por nosotros como lo hace Cristo que presenta su sangre, derramada desde la fundación del mundo; el Espíritu obra sobre nuestro corazón, provocando oraciones y arrepentimiento, alabanza y agradecimiento… (Manuscrito 50, 1900, también en A fin de conocerle, p. 77).
Claramente, Elena de White presenta dos personas distintas con dos obras diferentes en favor del ser humano.